La calle al ritmo de los mayores
La calle no es para los viejos. Cada paso es un obstáculo y cada gesto entraña un nuevo achaque. La señalización suele parecerles complicada y la luz es a veces insuficiente. Y en el 2026 el 22% de la población tendrá más de 65 años.
Un trío de jóvenes diseñadoras ha constatado en una investigación que con unas pocas rectificaciones es posible hacer la vida más ligera a los ancianos. Charlotte Raynaud, Daniela Izquierdo e Isabel Bilbao, integrantes del grupo Chantilly Design, abordaron un proyecto sobre la vejez y sus condicionantes sociales y físicos. Las Chantilly se preguntaron: “¿Cómo podemos hacer que los ancianos salgan de sus casas y ayudarles a que tengan una vida llena de encuentros y experiencias? ¿Cómo podemos hacer que la calle sea un lugar atractivo y agradable para ellos?”
Aunque consideran que Barcelona está dotada de buenas instalaciones de mobiliario urbano, proponen unos pocos objetos para mejorar la vida cotidiana de las personas que sufren distintos grados de deficiencia motriz, casi un 25% de la población. Para elaborar sus propuestas realizaron un trabajo de campo y un rastreo de las empresas que se dedican a la tercera edad. Porque existe una sólida aunque poco conocida industria con artilugios de ayuda, como lupas bifocales para hacer punto o ver los crucigramas, cojines y almohadillas especiales, pinzas para coger objetos, barras móviles para sujetarse, bastones con asiento incluido o con luz, incluso un balón sonoro para personas con deficiencias de visión y un juego de la oca en el que las fichas de siempre se sustituyen por leds luminosos.
Las Chantilly constataron que continuamente pasa por la calle gente mayor cargada con bolsas de la compra. Que tirar la basura supone un esfuerzo físico y la pérdida del equilibrio al pisar el pedal de apertura de la tapa del contenedor. Que a los ancianos les gusta sentarse al sol, pero que no comparten los bancos si no es por necesidad. Que salir a la calle y relacionarse puede sacarles de la tristeza y la soledad. Que suelen usar bastón y que notan en los huesos los baches y relieves de la calzada. Que ellas sujetan siempre con fuerza el bolso por temor a los tirones.
Tras agrupar los problemas y contar con la asesoría de la socióloga Maria Teresa Bazo, entre otros especialistas a los que consultaron, abordaron la operación diseño con un concepto fundamental. “Fuimos conscientes de que los mayores buscan sentirse útiles, seguros e integrados en la sociedad donde viven” aseguran. Titularon su proyecto (que acaba de recibir una beca del Foment de les Arts i el Disseny) La calle al ritmo de los mayores.
Diseñaron el banco Re-flex, un banco urbano blando modulable resistente al uso público. Tiene una superficie innovadora formada por piezas que se comprimen individualmente permitiendo que el asiento se acople al cuerpo. Además tiene apoyabrazos y un sitio para colocar los bastones. Las jardineras Re-unión están pensadas para formar paredes con vegetación tras los bancos, aislando a los usuarios del ruido de la calle y del viento. Unas plantas aromáticas despiertan los sentidos con olores y colores. El reloj Iluzión facilita la visión de la progresión del día. Doble fondo es un sistema para facilitar la accesibilidad de los ancianos a los contenedores de basura. Plop es un carrito trespatas compacto y ligero en que se pueden apoyar y poner la compra del día. Y llaman Atentas a un conjunto de losas para mejorar la accesibilidad y señalización en las aceras.
Sus diseños están todavía en el campo de las ideas y no de la producción. Pero se sitúan en paralelo al compás del envejecimiento progresivo de la población. Al final, todos acabamos con bastón.
Fuente: El periódico.
Etiquetas: Chantilly Design, deficiencia motriz, Foment de les Arts i el Disseny, mobiliario urbano

