Entradas con la etiqueta ‘Renzo Piano’

“El arquitecto siempre busca la Atlántida”

Lunes, 11 de Enero de 2010

El arquitecto Renzo Piano

Su estudio es una caja de cristal en equilibrio entre mar y montaña. Descansa en la ladera de una colina, justo encima de la bahía de Punta Nave, unos 30 kilómetros al oeste de Génova. Se accede por un ascensor transparente que trepa a cielo abierto hasta la puerta. Los cincos niveles de este fortín de luz son un hervidero de gente reunida alrededor de diferentes mesas, examinando dibujos, escrutando maquetas o charlando en los pasillos con un rotulador entre los labios. Renzo Piano se para, asiente con la cabeza, se toca la barba meditativo, sonríe. Su estudio, el Renzo Piano Building Workshop, es uno de los más activos y laboriosos del mundo. En este momento cuenta con 27 obras en curso: desde el campus de la Columbia University hasta el Tower Bridge de Londres; de un monasterio de monjas en Ronchamp, Francia, a Gandía, Valencia, donde acaba de arrancar la calificación urbana del puerto. La Fundación ICO de Madrid le homenajeará con una retrospectiva a finales de septiembre. A sus 72 años -nació en Génova en 1937- parece inagotable. Salta de un rincón a otro del planeta, dividiéndose entre la sede italiana del RPBW, la de Nueva York y la más antigua, abierta en 1981 en París, donde vive. Luego controla las obras in situ, observa, come entre los andamios, habla con trabajadores y vecinos.

PREGUNTA. Usted prepara sus intervenciones como un buen reportero una pieza. En la calle.

RESPUESTA. No se puede ser arquitecto sin un perpetuo trabajo de investigación de la realidad. Sin la actitud continua y humilde de preguntar a las personas y a las cosas que viven en un lugar. Un edificio no es un ornamento, es algo que dialoga con su contexto. Hay que prestar atención a ese entorno. Tampoco se trata de una celebración narcisista: interpretas a una comunidad, no te citas a ti mismo. Es un pirateo, que recoge estímulos de cualquier cosa. Un robo constante, y muy peculiar: a rostro descubierto y mano desarmada, perpetrado con la honesta intención de devolver el botín en el futuro.

P. ¿Cómo se consigue?

R. La mía era una familia bastante humilde: mi padre, constructor; mi madre, ama de casa. Pero lograron inculcarme el germen de la curiosidad. Me obligaban a leer. Una lectura asidua te hace instintivamente curioso. Y sólo si te interesa el mundo puedes escucharle.

P. ¿El truco entonces está en su niñez?

R. No se me daba muy bien la escuela. Eso me ha permitido crecer con la idea de que tenía que aprender de los otros. Los empollones se forman pensando que son superiores, y acaban siendo arrogantes. Yo tenía la sensación inversa.

P. ¿El conflicto mundial afectó a su infancia?

R. Los que nacimos con la guerra y nos criamos en sus consecuencias somos hijos de un temporal. Venimos al mundo en medio del drama, de la tragedia, del miedo. Cuando llegó la paz, empezamos a notar pequeños cambios: las calles eran cada vez menos destartaladas, los edificios menos agujereados, la comida más sustanciosa, el coche de familia más grande… Día tras día, mejoraba la vida. Al final, se te pega una suerte de optimismo intrínseco. Más tarde, llegó la universidad, la Politécnica de Milán. Vivía compartiendo piso e ideas; trabajaba en la bodega del arquitecto Franco Albini y por la noche participaba en la ocupación de la facultad. ¡Aquellos debates infinitos! Teníamos la sensación de que podíamos cambiar el mundo. Leer entrevista completa.

Fuente: El País.

Museo fastuoso, museo vacío

Lunes, 16 de Noviembre de 2009

Museo Maxxi

“Ha sido duro y bastante largo, pero siempre pensé que iba a terminar bien”. Eso ha dicho en Roma la arquitecta británica-iraquí Zaha Hadid. Once años y seis gobiernos después de que el ministerio de Cultura de Walter Veltroni diera luz verde al proyecto, Roma inaugura por fin el museo Maxxi de arte contemporáneo. El deslumbrante edificio se ha abierto a medias, es decir vacío, porque la crisis manda y las 350 obras que formarán la colección (todas, del siglo XXI) llegarán en primavera. Pero la última creación de Hadid ha fascinado ya a todos los que la han visto.

Los elogios de los primeros visitantes (”imponente”, “bellísimo”, “un espacio para perderse”) se resumen en la larga ovación que los periodistas y colaboradores del museo, puestos en pie, han dedicado a la arquitecta en la presentación.

El proyecto, nacido en 1998, ha costado 150 millones de euros y ocupa 27.000 metros cuadrados de espacio. El museo está situado sobre una antigua instalación militar, muy cerca del río Tíber, al norte de Roma, en un barrio residencial de edificios de colores levantado en la década de 1930, a escasos 300 metros del auditorio construido por Renzo Piano.

Pero números y datos dicen poca cosa frente a la grandeza y el espectáculo (sobrio y desnudo) que ofrece el edificio, una especie de gran lazo aéreo apoyado en pilares de acero y lleno de salas, paredes móviles, escaleras, rampas, y aperturas al exterior.

“Es un proyecto simbólico de mi nueva forma de relacionarme con el espacio”, explicó la primera mujer que ganó el Premio Pritzker, en 2004. No se trata de un objeto, sino de un campus, de un centro cultural, ha aclarado. “El Maxxi es un lugar pensado para favorecer el intercambio de ideas, para ampliar la vitalidad cultural de la ciudad. Espero que el denso tejido de espacios internos y externos sea utilizado bien para que dialoguen entre sí en un intrigante cruce de túneles. No os perderé de vista”. Leer noticia completa.

Fuente: El País.

Arquitectura de crisis

Viernes, 23 de Octubre de 2009

La recesión económica ha paralizado numerosos proyectos públicos y privados. Un ejemplo es la Ciudad de la Justicia de Madrid. Tras no alcanzar un acuerdo de financiación suplementaria con el Gobierno regional, el arquitecto Alejandro Zaera-Polo abandonó la construcción del edificio del Instituto de Medicina Legal.

Tiempos de crisis

La idea de la sostenibilidad no es nueva, pero la crisis la ha reforzado y es frecuente que se convierta en una exigencia del cliente. El italiano Renzo Piano es uno de los arquitectos que ha enarbolado, con éxito, la bandera del ahorro energético. Su Fundación Paul Klee (en la foto), ubicada en Berna (Suiza), necesita para funcionar la mitad de energía que un edificio similar que construyó hace 23 años en Houston (EE UU): la Menil Collection.

Menos energía

Otro de los efectos visibles de la crisis, es el bajo perfil de buena parte de los edificios. El estallido de la burbuja inmobiliaria en Japón, a mediados de los 90, llevó a Tadao Ando a cavar literalmente el suelo de la isla de Naoshima para situar allí el Museo Chichu.

Perfil bajo

Aunque se haya visto afectada, la arquitectura estrella sigue su camino. El retorno a un modo de construcción antiguo, es una de las apuestas de quienes no pueden competir los grandes estudios, de cientos de empleados y otros tantos proyectos en marcha. José Selgás realizó 360 visitas durante la construcción del Palacio de Congresos de Badajoz (en la imagen, visto a través de una escultura de Blanca Muñoz). Tanto Selgas como su socia, Lucía Cano, creen que la presencia del arquitecto a pie de obra es la que garantiza la calidad de un edificio, que debe percibirse en cada detalle.

Al detalle

Para los nombres más consolidados, aquellos que siguen firmando edificios predestinados a ser iconos por cifras astronómicas, una manera de reducir riesgos económicos es multiplicar trabajos y abrir nuevos mercados. Sin embargo, hay otros riesgos. El bloque de apartamentos de la calle Bond de Nueva York, de Herzog & De Meuron (para muchos, los mejores arquitectos del mundo en la última década), deja una sensación de ‘dejà vu’ que resta capacidad de impacto al edificio.

Nuevos retos

La concesión del último premio Pritzker, considerado el Nobel de Arquitectura, a Peter Zumthor sugiere que la sobriedad es un valor en alza. El arquitecto suizo siempre ha sido un ejemplo de rigor y mesura. En la Exposición Universal de Hanóver del año 2000, erigió el pabellón de su país en la foto) con listones de madera llevados desde bosques suizos y ensamblados únicamente con cables de acero, sin tornillos ni cola.

Sobriedad

Fuente: El País.

Una vivienda a medida del deseo

Lunes, 19 de Octubre de 2009

Maqueta de la Casa 100K

Cien metros cuadrados por 100.000 euros y cero emisiones de CO2. Con estas premisas el arquitecto italiano Mario Cucinella ha creado la Casa 100K, una vivienda construida según los dictámenes del ecopensamiento y siguiendo un ideal de calidad arquitectónica, que integra sostenibilidad ambiental, ética en los comportamientos e impacto social positivo. “Apoyar el ahorro energético y la exigencias ecologistas no significa renunciar a la estética y la calidad. Por el contrario, la Casa 100K se rebela contra el principio de homogeneidad, que guía la arquitectura de la vivienda, para recuperar el placer de imprimir la propia identidad en el lugar donde vivimos. Es una casa a medida del deseo“, asegura Cucinella. Su proyecto, que se ha presentado en el Capri Trendwatching Festival -un congreso organizado por la Fundación Capri que ha reunido a los principales abanderados de las nuevas tendencias en diversos ámbitos- no sólo mantiene un coste extremadamente bajo, sino que crea las condiciones para que buena parte de la inversión se recupere mediante la energía que la casa es capaz de generar. “Para cambiar el resultado hay que invertir la tendencia: pasar de edificios consumidores a productores de energía”, sostiene Cucinella.

La Casa 100K integra arquitectónicamente la producción de energía fotovoltaica y además posee superficies capaces de captar el débil sol invernal. Para contener el gasto sin renunciar a la calidad, utiliza fibro-hormigón reciclado, materiales que ya han tenido una primera vida, y paredes móviles para la división interior de los espacios, explica Cucinella, que se formó con el arquitecto Renzo Piano y trabajó diversos años en París, antes de establecer definitivamente el estudio MCArchitects en Bolonia.

Fuente: El País.

Estrategia ‘Piano’ en Malta

Lunes, 7 de Septiembre de 2009

Estrategia 'Piano' en Malta

A lo largo de los siglos su posición estratégica para las rutas navales del Mediterráneo le procuró más de un disgusto a la isla de Malta. Napoleón la conquistó en 1798, aprovechando la promesa de los caballeros de no luchar contra ningún rey cristiano, pero la impopularidad del Emperador facilitó la labor de los ingleses, que dos años después asumieron el control de la isla y lo mantuvieron hasta su independencia, en 1964. Durante la II Guerra Mundial, al formar parte del Imperio Británico, se convirtió en blanco de los bombardeos de la aviación alemana, que una mañana de 1942 redujeron a escombros la Royal Opera House, construida a mediados del siglo XIX por el arquitecto inglés Edward Middleton Barry, autor del célebre Covent Garden de Londres.

Las ruinas de la ópera han sido objeto de diversas propuestas de reconstrucción y de otras tantas controversias, pero hasta la fecha ninguna había prosperado. El artífice del milagro es Renzo Piano, autor del Centro Pompidou de París y de decenas de otras obras emblemáticas, como el aeropuerto de Osaka, la Fundación Beyeler de Basilea y, más recientemente, el Museo de Historia Natural de San Francisco y la nueva ala del Art Institute de Chicago. El arquitecto italiano ha dado en la diana proponiendo conservar las ruinas, “que después de 68 años han alcanzado el estatus de monumento”, injertándolas en un coliseo al aire libre. Las paredes translúcidas removibles y los equipos de luz y sonido móviles, que le otorgarán la identidad de teatro durante las representaciones, desaparecerán cuando no haya espectáculos, dejando en su lugar una plaza, con vocación de ágora, rodeada por jardines.

El proyecto forma parte de un amplio programa de reformas, que costará 80 millones de euros y durará unos cuatro años. Además de la ópera, en el vacío dejado por las bombas, Piano construirá un nuevo Parlamento, un edificio de dos bloques de piedra, colocados sobre unos contrafuertes, que crean la sensación de que están suspendidos en el aire. No se trata de la típica obra de atrios enormes e inútiles. “La arquitectura es el arte de construir espacios adecuados a los seres humanos. Está de moda una especie de priapismo arquitectónico, cuanto más grande mejor”, lamenta Piano. El suyo es un edificio ecológico, de “emisiones cero”, que aprovechará el sol, el viento y la masa rocosa de la isla para generar y mantener la temperatura interna estable, sin necesidad de aire acondicionado ni calefacción.

El arquitecto eliminará el aparcamiento que afea los bastiones y recuperará la entrada original a la ciudad de los templarios, oculta tras numerosas intervenciones, culminadas con las modificaciones salvajes de los años sesenta. “Más que añadir, quitamos”, asegura Piano.

Fuente: El País.